En México, el gran proyecto del ‘Tren Maya’ se descarrila y aún causa polémica

Este es el gran proyecto del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador. El “Tren Maya” es, como su nombre lo indica, un tren turístico de 1,500 kilómetros, que se está construyendo en el sureste de México. Se suponía que iba a empezar a circular en 2024, pero el gobierno acaba de sufrir un gran revés: la justicia ha suspendido la obra a instigación de un grupo de ecologistas que denuncian el devastador impacto de este proyecto.

En el corazón de este proyecto, considerado prioritario por el gobierno, se encuentra el tramo más importante del “Tren Maya”: el que conecta los balnearios de Playa del Carmen y Tulum, en el estado de Quintana Roo. El tren recorrerá, como su nombre lo indica, la región maya, es decir, la península de Yucatán y parte del estado de Chiapas.

Sin embargo, ahora está paralizado. Desde su planificación, de hecho ha provocado la ira de los ambientalistas porque el sitio implica la tala de miles de hectáreas de selva tropical. Temeroso de ver amenazada su gran obra, el mandatario emitió hace unos meses un decreto calificando esta construcción como obra de seguridad nacional, lo que le permite sortear algunos obstáculos legales.

Pero la justicia no ve las cosas de la misma manera: coincidió con un grupo de ecologistas y buzos que pidieron poder estudiar el informe de impacto ambiental que debió elaborar el gobierno antes de construir la ruta. Carmen y Tulum. Sin embargo, sorpresa, este informe no existía. Hasta ahora, las autoridades consideraban que el decreto presidencial las eximía de este paso imprescindible en la planificación de cualquier proyecto de infraestructura.

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«Estalló el escándalo. No solo se violó la ley, sino que la ruta del Tren Maya también afectaría sitios naturales importantes y vulnerables desde el punto de vista ecológico, histórico y arqueológico.”, denuncia Arturo Bayona, biólogo, buzo y especialista en ecosistemas de la región.

El terreno sobre el que se construye la vía férrea es particularmente frágil porque el subsuelo de toda la península de Yucatán está atravesado por una inmensa red de acuíferos que incluye cuevas sumergidas, entre las más grandes del mundo, y miles de cenotes, piscinas naturales y cuevas que son una joya natural de la región. Y ese es el mayor temor de los activistas hoy: las vibraciones provocadas por el transporte pueden provocar derrumbes y la destrucción de ciertos cenotes.

UNA "cenote" de Santa Cruz, México, el 24 de julio de 2021. (HUGO BORGES/AFP)

También existe un grave problema de contaminación del sistema acuífero: la región de Cancún, Playa del Carmen y Tulum atrae a más de 16 millones de turistas al año. No existe un sistema de drenaje eficaz para las aguas residuales y, sin embargo, los grandes proyectos de urbanización siguen ganando terreno, como recuerda Arturo Bayona: «En Tulum, la destrucción está en marcha con la aprobación del plan operativo que implica una nueva construcción. Y por lo tanto una devastación mucho mayor que la del Tren Maya… Y no hablamos lo suficiente de eso.«

Mientras tanto, la construcción del tren entre Playa del Carmen y Tulum está estancada, hasta que el gobierno presente un informe que garantice la preservación de los ecosistemas, ya dañados por el turismo de masas.

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