“La reubicación no se puede decretar”, dicen Sarah Guillou (OFCE) y Jérôme Fourquet (Ifop)


La nueva fábrica. – ¿Descubrieron los franceses la desindustrialización de Francia durante la crisis del Covid?


Jerónimo Fourquet. – La crisis del Covid sirvió de revelador. La gran mayoría de los franceses era consciente de la realidad de la desindustrialización, pero no necesariamente de su magnitud. Se enteraron cuando se dieron cuenta de que Francia ya casi no tenía mascarillas y que ciertos productos farmacéuticos ya no se fabricaban en suelo nacional. Pero había señales de advertencia. Según la empresa Trendeo, de 2008 a 2021 se borraron del mapa 946 unidades industriales con más de 50 empleados. No se salvó ningún territorio, ningún sector industrial. Los especialistas tenían otro indicador: la balanza comercial de Francia, estructuralmente deficitaria.


Sara Guillermo. – El deterioro de la balanza comercial, desde 2004, es efectivamente un síntoma de la reducción de la capacidad productiva en suelo francés, ya que un país exporta principalmente productos de su base industrial. Un puñado de empresas, sólo 135.000, son exportadoras… La fragilidad de la balanza comercial se deriva también de la fragmentación de la organización internacional de la producción, que ha creado una red de interdependencias entre los productores. En ningún lugar del mundo se ha escapado del susto a la economía de un pequeño territorio chino, el de Wuhan.

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