Bienvenida a la fotógrafa Graciela Iturbide en México

En 1990, este proyecto permitió al hijo orientarse e iniciar una carrera ejemplar. Con 57 años, Mauricio Rocha, fundador junto a Gabriella Carillo de la agencia Taller, es uno de los arquitectos más distinguidos y premiados de América Latina; su obra ha sido expuesta en la Bienal de Venecia y ha diseñado varios edificios en Europa y Estados Unidos. Veinticinco años después, la familia ha crecido. Mauricio está casado, tiene dos hijos, además de su hermano Manuel, músico. La casa de Graciela, escenario habitual de sus reuniones dominicales, donde suelen reunirse amigos y fotógrafos Josef Koudelka y Sebastião Salgado o el pintor Francisco Toledo, se quedaron pequeños para vivir y trabajar allí. Se sintió la necesidad de un nuevo estudio: un lugar de silencio, concentración y meditación porque, como le gustaba decir a Manuel Álvarez Bravo, el maestro indiscutible de la fotografía del siglo XXy siglo y mentor de Graciela”, fotografiar es pensar «. Corresponde nuevamente a Mauricio, quien pone su trabajo en sintonía conAlvar AaltoLouis Khan y Luis Barragánla cual le devolvió la tarea de diseñar el laboratorio de historias maternas.

A unos pasos de la casa, en la misma calle que Heliotropo, Mauricio Rocha proyectó el taller de su madre, un edificio con fachadas de ladrillos, cerrado al exterior pero capaz de filtrar la luz.

© Pablo López Luz

Mauricio encuentra un pequeño terreno en venta en 37 rue Heliotropo, donde vive su madre. Siete metros por catorce, menos de cien metros cuadrados, con una altura de techo de nueve metros. Graciela Iturbide, quien el 16 de mayo cumplirá ochenta años, siempre ha vivido en la delegación de Covoacán. Es una de las colonias más antiguas de la Ciudad de México, semillero de la bohemia artística que albergó la casa de Hernán Cortés en el siglo XVI.y siglo antes de la vivienda, en el siglo XXy siglo, la Casa Azul de Frida Kahlo y Diego Rivera, ahora un museo. Cerca de esta casa azul, el estudio del fotógrafo es rojo anaranjado. » Era el único pedido de mi madre, ella quería uno edificio de ladrillos “Recuerda Mauricio Rocha. Ladrillos que provienen de la ciudad de Puebla, famosa por la calidad de su cerámica. » A su manera, mi madre quería vivir de la tierra, esa materia prima de México, elemento esencial de la arquitectura popular, pero no sólo eso. Además, el ladrillo es un material duradero y natural que juega un papel importante en nuestras vidas. Por lo demás, Mauricio Rocha tiene carta blanca. Para imaginarlo, forma un volumen de terracota que, si parece cerrado sobre sí mismo, en realidad es muy poroso a la luz que se difunde a través de la armoniosa disposición de los ladrillos. Un salón oscuro en el que el espacio habitado evoca la verticalidad de un rollo de película en tres plantas, flanqueado a ambos lados por dos patios pensados ​​para aportar un poco de frescor, para que Graciela pueda cultivar su plantas san valentín, aguacates, helechos, palmeras, kentias, agaves y ficus.

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