Finalmente sabemos por qué el T-Rex tenía armas tan pequeñas

Finalmente sabemos por qué el T-Rex tenía armas tan pequeñas

¿Por qué el poderoso T-Rex, con su figura aterradora y dientes afilados, tenía brazos tan ridículamente pequeños? Los investigadores han estado lidiando con esta pregunta durante muchos años. Con tiempo, muchas teorías han tratado de explicarlo, atestiguando que estas pequeñas extremidades servían en ocasiones para levantarse si caían al suelo, en ocasiones para agarrar a su pareja durante el apareamiento, o incluso para asegurar el equilibrio de los músculos de la cabeza y el cuello. Teorías que luchan por convencer a toda la comunidad científica y que podrían ser barridas por un descubrimiento reciente.

Basado en fósiles recuperados en un enorme foso de dinosaurios en Utah, varios paleontólogos han demostrado de hecho que los tiranosaurios no cazaban solos como se pensaba entonces, sino en manada. Un descubrimiento que llevó al paleontólogo kevin padianprofesor de UC Berkeley para volver a esta reflexión sobre las armas pequeñas T-Rex, esta vez abordando el tema desde una perspectiva completamente diferente.

En un artículo publicado en la revista científica de paleontología Acta Paleontología Polonica, el paleontólogo presenta su teoría. Según él, como el T-Rex cazaba en manadas y se arracimaba alrededor de sus presas para devorarlas, tener armas pequeñas tenía una ventaja: evitaba que sus congéneres las masticaran accidentalmente (o no las masticaran) durante la fiesta.

Crujido de tiranosaurio rex

Imagina la escena por un momento. Varios T-Rex alrededor del mismo cadáver, masticando con los dientes llenos en todas direcciones para tratar de sacar la mayor parte de grasa. Si estos últimos estuvieran equipados con brazos largos y proporcionados, sin duda intentarían agarrar la tentadora carne con sus garras. Tampoco hay duda de que un desafortunado golpe en la mandíbula habría amputado regularmente estos larguísimos miembros, arrastrándose en medio del festín. Para evitar esto, solo quedaba una solución: reducir la longitud de estas extremidades anteriores durante generaciones.

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La hipótesis va ganando terreno y notablemente encuentra analogías en ciertos animales de nuestro tiempo. Además del dragón de Komodo, los cocodrilos tienen un comportamiento imaginable similar al del T-Rex. Con sus dientes afilados, no es raro que ocurran accidentes entre congéneres que se encuentran con el mismo cadáver. Un video de una comida de cocodrilo en un zoológico australiano, compartido por el Huff Post, es un claro ejemplo. Entendemos mejor al T-Rex ahora.

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